Hay incertidumbre entre los confeccionistas, debido a la escasez de materia prima para sus talleres,

Desde los 10 años, la vida de Selva Moreno ha transcurrido entre telas, hilos y máquinas de coser. Con sus manos transforma retazos de tela en pantalones, camisas y vestidos, este oficio lo heredó de su madre y lo fue perfeccionando durante los años que trabajó en Argentina y Brasil, países a los que migró cuando las oportunidades escaseaban en Bolivia.

Hoy, con resignación, admite que podría verse obligada a dejar nuevamente el país. No quiere hacerlo. Aquí están sus hijos, sus nietos y sus sueños, pero la crisis que atraviesa el sector textil la empuja a considerar esa posibilidad. La escasez de materia prima para confeccionar prendas, agravada por los bloqueos de carreteras que dificultan el abastecimiento, ha reducido su trabajo y puesto en riesgo el sustento de su familia.

Ella forma parte del reducido grupo de 10 trabajadores que aún se mantienen activos en el taller de Félix Huaycho, un confeccionista con más de dos décadas de experiencia en el rubro. Allí el sonido de las máquinas de coser todavía rompe el silencio. Las agujas siguen avanzando sobre las telas y los operarios cumplen con sus tareas como cualquier otro día. Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad se esconde una preocupación que crece con cada jornada: la posibilidad de que la materia prima se agote y la producción se detenga por completo