A las 14:20 de ayer, el surtidor Rivero, ubicado sobre la avenida Cristo Redentor, entre el segundo y el tercer anillo interno de Santa Cruz de la Sierra, anunció la llegada de una cisterna cargada con diésel. La noticia despertó expectativa entre los transportistas que aguardaban desde hacía horas. Pero el alivio duró poco. Tres horas después, un nuevo mensaje apareció en sus redes sociales: “Se acabó. Posiblemente llegue mañana. Avisaremos”. El combustible alcanzó para unas pocas horas y alivió muy poco una crisis que continúa golpeando al transporte y al aparato productivo.
La escena se repitió, con distintos matices, en buena parte del país. En Cochabamba, las filas superaban el kilómetro y algunos conductores aseguraban esperar desde el día anterior para abastecerse. En Oruro, transportistas denunciaron que las cisternas comprometidas no llegaron. En Tarija, empresas de transporte operaban al 50% de su capacidad por la falta de diésel, mientras que en Beni las esperas se prolongaban durante varios días. Aunque en Potosí el mayor despacho permitió reducir parcialmente los tiempos de espera, las filas tampoco desaparecieron.
El transporte pesado convocó a un ampliado nacional para el 29 de julio, en Cochabamba, donde definirá las medidas que asumirá frente al desabastecimiento de combustible y otros reclamos del sector. “Después de 48 días de bloqueos seguimos bloqueados, pero ahora en los surtidores”, resumió el dirigente Domingo Ramos, al cuestionar que el abastecimiento continúe sin normalizarse.
Las consecuencias se agravan en el sector productivo. Henry Chávez, gerente de la Asociación Departamental de Porcicultores (Adepor), advirtió que la falta de diésel afecta la logística para transportar animales, alimentos e insumos hacia las granjas. Según explicó, muchos camiones permanecen hasta una semana en las filas de los surtidores, lo que duplica los costos del transporte y pone en riesgo la continuidad de las unidades productivas. “El sector productivo está prácticamente quebrado”, afirmó al advertir que el incremento de los costos terminará trasladándose al precio de los alimentos.
Por su parte, Winston Martínez, representante de la Asociación de Avicultores de Pollos Parrilleros (Avipar), alertó que la escasez agrava una situación marcada por el incremento de los costos de producción y los bajos precios que reciben los productores. “Cuando no existe diésel, el país se paraliza”, sostuvo al explicar que sin combustible resulta imposible trasladar insumos, alimento balanceado y la producción hacia los centros de consumo.
La última explicación oficial llegó la semana pasada. El presidente de YPFB, Sebastián Daroca, aseguró que el combustible ya estaba en el país y atribuyó la lenta distribución a estrictos controles de calidad. La versión pareció reflejarse en la gasolina, cuyas filas disminuyeron durante el fin de semana. Con el diésel ocurrió lo contrario. Persisten dos constantes: largas filas y silencio oficial. Ayer ninguna autoridad volvió a informar cuándo se normalizará el abastecimiento del combustible que mueve al transporte de carga, la producción agropecuaria, la minería y buena parte de la economía.













